Es cosa corriente oír hablar de las riquezas de la Iglesia, y no ha faltado diputado que ha llevado a fa Cámara la cuenta de los millones que, en propiedades, tiene cada Obispado.
Es claro también que
la gente que no piensa, o que piensa poco, se imagina que esos millones los
está manejando el Obispo poco menos que a su antojo, y quizás no faltará quien,
pensando menos aún que los que eso se imaginan, crea que el Obispo y el clero se
están dando buena vida con esas riquezas.
Como, al escribir esto, me refiero principalmente a la
Diócesis de La Serena, me viene a la memoria el caso de caballeros que se
tienen por católicos, quienes, al pedírseles ayuda para la reconstrucción del
edificio del Obispado, han respondido con toda soltura, como quien dice una
gran verdad: "¿Qué voy a dar plata al Obispo cuando él tiene tanta?"
¿Qué se puede esperar de personas menos educadas o de menos juicio? De ahí la
necesidad que siento de manifestar la verdad acerca de las riquezas de la
Iglesia'.
Hay dos clases de riquezas o bienes: Unos que no dan interés, sino que ocasionan gastos, y otros que dan renta. Comencemos por los primeros: Estos bienes están a la vista de fieles y no fieles. Consisten principalmente en los templos con sus anexos, en casas parroquiales, cementerios (muy pocos), y en edificios destinados a colegios, escuelas, catecismos u otras obras católicas. De esta clase de bienes fa Iglesia los tiene en todas las poblaciones y parroquias. Esos bienes son valiosos; nadie lo va a negar; cualquiera iglesia cuesta ahora buenos miles y algunas, como nuestra Catedral, no se edificarían con un millón de pesos.

la iglesia deberia de ayudar a las personas con tanto dinero
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